Skip to main content
Tag

DESARROLLO ECONÓMICO archivos - José Miguel Torrebiarte

El tráfico ya no es un problema de movilidad, es un freno al desarrollo de Guatemala

Por IDEAS, Inversión e Infraestructura

El crecimiento del parque vehicular supera casi siete veces el de la red vial, una brecha que hoy le cuesta al país 1,300 horas al año por persona y cerca de Q25 mil millones en pérdidas económicas.

Históricamente, hemos cometido el error de ver el tráfico como un simple inconveniente de minutos perdidos frente al volante. Pero, las consecuencias ya no se miden solo en tiempo perdido, tan  solo en 2025, en el área metropolitana de Guatemala, se registraron más de 8 mil 800 hechos viales en el país, con más de 2 mil 400 personas fallecidas y casi 10 mil lesionadas, solo en un año.

Las cifras actuales nos obligan a aceptar una realidad algo distinta: ya no enfrentamos un problema de movilidad, sino una emergencia nacional que actúa como un freno estructural al desarrollo de nuestro país.

El último análisis de FUNDESA lo presenta bien. No se trata solo de que haya más carros que carreteras, aunque esto también es cierto, se trata de que mientras el parque vehicular crece al 9.6% anual, la red vial lo hace al 1.4%. Es decir, por cada kilómetro nuevo de calle que se construye, llegan casi siete vehículos adicionales a ocuparlo. 

El área metropolitana genera el 43% del PIB nacional, tan solo en 2023 creció 10.9%. Esto es una señal de vitalidad que hay que proteger. Porque una economía que crece a ese ritmo sobre una infraestructura que no la acompaña, termina pagando el precio en competitividad, en tiempo, en bienestar. 

Dos datos que ponen esto en perspectiva es que el departamento de Guatemala apenas tiene 25 centímetros de red vial por habitante. Además, un guatemalteco pierde en promedio 1 300 horas al año en el tráfico, esto además de implicar cansancio, son oportunidades que se quedan en el camino, lo que representa Q25 mil millones en costos económicos. 

Mientras no entendamos esto, seguiremos tomando decisiones de ciudad, como si el problema fuera de calles. Por lo tanto, un error que hay que evitar es buscar una solución única, lo que se necesita es una respuesta integrada que actúe en varios frentes al mismo tiempo. 

El primer frente es el transporte masivo. Guatemala ya tiene hoy proyectos concretos sobre la mesa: el Metro Línea Blanca con 20.5 kilómetros y 22 estaciones proyectadas – podría retirar 10 500 automóviles diarios y transportar más de 250 mil personas al día; el Aerometro como primera concesión municipal de transporte eléctrico, la ampliación del Transmetro. Ejecutarlos significará movernos con tiempos predecibles a un costo accesible.

El segundo, es la infraestructura logística. Gran parte del tráfico de carga pesada que hoy atraviesa la ciudad podría ser evitado. El Anillo Regional C-50, con sus ocho tramos, permitiría conectar Sanarte con Escuintla sin que los camiones de carga tengan que cruzar el área metropolitana. Es una inversión que libera capacidad vial sin saturar la ciudad.

El tercer frente, y quizá el más subestimado, es la vivienda. La ciudad genera más de 7 millones de viajes diarios, en gran parte porque las personas viven lejos de donde trabajan: la vivienda asequible está en la periferia y el empleo sigue concentrado en el centro. Mientras esa distancia no se reduzca, ninguna infraestructura vial será suficiente. 

Y, finalmente, el cuarto es institucional. El área metropolitana ya no es solo Ciudad de Guatemala, es una región de 44 municipios conurbados que vincula a al menos 5 millones de personas. Esta realidad no cuenta con una autoridad que gobierne como un todo, que planifique el territorio de manera integral, qué organice cómo se conecta la vivienda, el empleo, la planificación urbana.

Cada municipio resuelve su pedazo del problema sin que se resuelva el problema completo. Por lo tanto, una Autoridad Metropolitana de Transporte no es más burocracia: es la condición mínima para que las demás soluciones funcionen en conjunto. 

Guatemala tiene hoy más herramientas disponibles que en cualquier momento reciente. La Ley de Infraestructura Vial Prioritaria está aprobada; el Plan de Movilidad elaborado con la cooperación de Corea que nos ayuda a identificar los proyectos; las alianzas público-privadas tienen un marco legal. Por lo tanto, lo que falta no es diagnóstico ni hoja de ruta, es la decisión conjunta de tratarlo con la urgencia y seriedad que merece. La realidad es que un país que crece como el nuestro, no puede seguir destinando el 1.6% del PIB a infraestructura. 

En FUNDESA estamos convencidos de que el país tiene la capacidad de dar ese paso. No estamos hablando de resolver el tráfico, estamos hablando de decidir qué tipo de territorio queremos ser: uno que siga exigiendo a sus habitantes a que salgan más temprano cada año, o uno que tenga las condiciones para que esta y las siguientes generaciones vivan, trabajen y se muevan en una ciudad a la altura de lo que Guatemala puede ser.

2026: Un año para construir sobre lo avanzado

Por IDEAS, Inversión e Infraestructura

Con 183 municipios mejorando su competitividad, un crecimiento de 12.2% en inversión extranjera directa y marcos legales clave ya aprobados para infraestructura, Guatemala llega a 2026 con bases sólidas y el desafío claro de acelerar la ejecución.

Guatemala cuenta hoy con más claridad que nunca sobre el camino que debe recorrer. El año que dejamos atrás nos entregó datos precisos sobre dónde están nuestras fortalezas y brechas, marcos legales aprobados para acelerar inversión en infraestructura, y señales económicas que confirman nuestro potencial como destino competitivo en Centroamérica.

Pero 2026 no será un año más. Confluyen procesos de renovación institucional que ocurren una vez por generación, decisiones de inversión que pueden transformar nuestra logística, y la necesidad impostergable de pasar del diagnóstico a la ejecución. 

Este balance del 2025, más que mirar atrás, busca identificar sobre qué bases sólidas construir este año que comienza, y qué oportunidades críticas no podemos seguir posponiendo.

Los avances que nos impulsan

A finales de noviembre presentamos el Índice de Competitividad Local 2025, y los resultados confirman una tendencia positiva: 183 municipios mejoraron sus condiciones de competitividad, con avances notables en infraestructura (267 municipios), entorno económico (242), y salud (234).

Más allá de los números, lo que el ICL demuestra es que el desarrollo en nuestro país se sostiene sobre enfoque estratégico y colaboración. Municipios como Santa Catarina Pinula han escalado posiciones mediante apuestas concretas en seguridad y clima de negocios.Territorios en Quetzaltenango, Zacapa y El Progreso están emergiendo como nuevos polos de oportunidad.

Como señalé al presentar el índice: esto no es un ranking, es una herramienta para la acción. Los datos nos dicen que Guatemala tiene municipios con potencial real de desarrollo en distintas regiones del país, y que sabemos qué factores impulsan ese progreso. Ahora toca convertir ese conocimiento en políticas públicas y decisiones de inversión concretas que repliquen las buenas prácticas que ya están funcionando.

Esta mejora sostenida en condiciones territoriales no pasa desapercibida. La inversión extranjera directa creció 12.2% al tercer trimestre, alcanzando US$1,416 millones, con proyección de cerrar el año en US$1,875 millones. Este crecimiento en sectores como finanzas, manufactura y comercio confirma que mantenemos nuestro atractivo para capitales regionales e internacionales, y que el trabajo en competitividad local está generando resultados tangibles que los inversionistas reconocen y valoran.

Las oportunidades que nos convocan 

Para consolidar este momentum y traducir la confianza inversora en desarrollo sostenible, necesitamos resolver los cuellos de botella que aún limitan nuestra conectividad. Aquí es donde las decisiones que tomemos este año se vuelven determinantes.

La aprobación de la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria en 2024 fue un logro legislativo significativo que tardó seis años en materializarse. Ahora estamos en la fase crítica de su implementación: hacer que la Dirección de Proyectos Viales Prioritarios opere con los recursos y la autonomía técnica que la ley contempla. El modelo de pagos por disponibilidad que propone puede transformar cómo Guatemala construye y mantiene carreteras de largo plazo, sin peajes, con estándares internacionales.

En materia portuaria, la ruta es igualmente clara. AGEXPORT ha estimado que con mejoras estructurales en dragado, digitalización y nuevos atracaderos se podrían generar ahorros de entre US$100 y US$217 millones entre 2025 y 2027. La cooperación con Estados Unidos para modernizar Puerto Quetzal y los proyectos de dragado en marcha son pasos en la dirección correcta que merecen acelerarse.

Y para ejecutar estas y otras inversiones críticas con la velocidad que el momento exige, tenemos un instrumento probado: la Ley de Alianzas Público-Privadas, vigente desde 2010, ofrece un marco probado internacionalmente para acelerar inversiones en infraestructura. La alianza público-privada anunciada para modernizar el aeropuerto La Aurora es un ejemplo del potencial de este modelo. Países como Colombia, Perú y Chile lo han usado exitosamente para cerrar brechas críticas. Guatemala puede hacer lo mismo si fortalecemos la capacidad técnica del Estado y generamos certeza jurídica que atraiga inversionistas comprometidos con el largo plazo.

2026: año de renovación y oportunidad

Pero, toda inversión en infraestructura física requiere un cimiento que la sostenga: instituciones sólidas que garanticen reglas claras, certeza jurídica y ejecución sostenida en el tiempo. Y precisamente en este aspecto, 2026 será un año definitorio.

Confluyen las elecciones del Tribunal Supremo Electoral, la Corte de Constitucionalidad, el Ministerio Público, la Contraloría General de Cuentas, el Banco de Guatemala y la Superintendencia de Bancos. Es una renovación institucional que ocurre una vez por generación.

Estos procesos representan una oportunidad para fortalecer las instituciones que garantizan Estado de derecho, elecciones transparentes y uso responsable de recursos públicos. La calidad de estas instituciones impacta directamente la confianza para invertir, la predictibilidad para planificar, y la legitimidad del sistema democrático. La ciudadanía organizada, el sector privado, la academia y la cooperación internacional tenemos la responsabilidad de acompañar estos procesos con propuestas técnicas rigurosas y escrutinio constructivo.

El camino está trazado

Desde FUNDESA, y a través de la agenda Guatemala No Se Detiene, seguimos trabajando con una meta clara: generar 2.5 millones de empleos, atraer más inversión extranjera, duplicar exportaciones y alcanzar un PIB per cápita de US$14,500 para 2032. Estos objetivos son alcanzables si mantenemos el rumbo y aceleramos la ejecución de lo ya aprobado.

El balance de 2025 nos dice que estamos construyendo sobre bases cada vez más sólidas. Tenemos datos para orientar decisiones, marcos legales para atraer inversión, y ejemplos concretos —tanto locales como regionales— de lo que funciona. El 2026 nos invita a convertir ese conocimiento en acción, con visión de largo plazo, colaboración público-privada, y confianza en que Guatemala tiene todo para consolidarse como protagonista del desarrollo centroamericano.

Así avanza la infraestructura: un diagnóstico semestral

Por IDEAS, Inversión e Infraestructura

Guatemala aprobó la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria en enero y actualmente debate una nueva Ley Portuaria, pero los cuellos de botella institucionales y la falta de coordinación siguen postergando la materialización de proyectos clave.

Durante el primer semestre del año, el país ha mostrado señales mixtas. Por un lado, se observan avances concretos en sectores estructurales clave como infraestructura, pero, a su vez persisten desafíos institucionales para consolidar el potencial de estos avances. Hoy, más allá de un balance técnico, quiero reflexionar sobre si ¿estamos construyendo las condiciones para un desarrollo económico sostenible? 

La respuesta está intrínsecamente ligada a nuestra capacidad de transformar la planificación en ejecución efectiva. Como evidenciamos en el foro de perspectivas económicas y financieras 2025, la infraestructura es un pilar urgente para la estabilidad económica y hemos tenido grandes avances a nivel legal. La más importante ocurrió en enero, cuando entró en vigor la Ley de Infraestructura Vial Prioritaria para facilitar la inversión pública en el desarrollo y modernización de carreteras y caminos.

Sin embargo, enfocándonos en los cinco proyectos de esta ley. que desde FUNDESA consideramos principales CA-09 Norte y Sur, CA-02 Occidente y Oriente, Anillo Regional C-50, y Metro de Guatemala- por los que transita carga por US$13,279 millones en exportaciones y US$25,749 millones en importaciones, nos confronta con una realidad: tenemos la hoja de ruta, pero necesitamos acelerar el paso hacia la implementación.

La brecha entre planificación y ejecución sigue siendo el principal obstáculo, donde problemas como el derecho de vía y el flujo constante de efectivo para contratistas han provocado atrasos o hasta la inviabilidad de proyectos. Para la infraestructura física necesitamos infraestructura institucional, por ejemplo, como ha presentado Juan Carlos Zapata: procesos de licitación transparentes, coordinación eficiente entre entidades y mecanismos que generen confianza en inversionistas nacionales e internacionales.

En esa línea, el sector portuario ejemplifica perfectamente esta tensión entre marco legal y ejecución efectiva. La Ley General del Sistema Portuario que actualmente discute el Congreso propone crear una autoridad portuaria superior para agilizar inversiones y modernizar terminales. Sin embargo, como se presentó en el foro sobre el futuro de los puertos de Guatemala No Se Detiene, esa visión aún convive con una realidad marcada por cuellos de botella logísticos y falta de coordinación institucional. Mientras la discusión avanza en el plano legislativo, las limitaciones actuales siguen afectando la competitividad del país y postergando inversiones clave.

Ahora bien, para que iniciativas como estas leyes se conviertan en resultados concretos y positivos, necesitamos seguir impulsando la reforma al marco legal de alianzas público-privadas (APP). Una nueva Ley APP permitiría estructurar proyectos con mayor agilidad, seguridad jurídica y atractivo financiero para capital privado, especialmente en contextos donde la inversión pública no basta. 

Infraestructura física requiere infraestructura institucional, y esto implica marcos legales actualizados, capacidades técnicas sólidas, mecanismos, pero, sobre todo, decisión política que generen certidumbre para todos los actores involucrados.

Al final, lo que está en juego no es solo la ejecución de obras, sino la credibilidad del país como destino de inversión. Las leyes por sí solas no transforman realidades: deben acompañarse de visión intersectorial, coordinación efectiva y voluntad política. La pregunta que planteé al inicio encuentra aquí su verdadera prueba, y la respuesta dependerá no solo de lo que aprobemos en papel, sino de lo que logremos concretar sobre el terreno.

Aún estamos a tiempo de convertir este año en un punto de inflexión y pasar del diseño al impacto, para demostrar que Guatemala sí puede construir, con coherencia y decisión, un desarrollo económico sostenible.