Skip to main content
Tag

Crecimiento económico archivos - José Miguel Torrebiarte

Guatemala a un escalón del grado de inversión: ¿Qué tenemos y qué nos falta?

Por IDEAS, Inversión e Infraestructura

Guatemala a un escalón del grado de inversión: ¿Qué tenemos y qué nos falta?

Con la deuda pública más baja de América Latina y a un escalón del grado de inversión, Guatemala enfrenta ahora un reto distinto: convertir su estabilidad macroeconómica en una plataforma para acelerar inversión, competitividad y desarrollo.

Hay momentos en que las fortalezas de un país también pueden convertirse en sus mayores dilemas. Guatemala podría estar entrando en uno de esos momentos.

Durante décadas, el país ha construido con disciplina uno de sus activos más valiosos: la estabilidad macroeconómica. Hoy tenemos la deuda pública neta más baja de América Latina, equivalente al 26.8% del PIB; las tres principales calificadoras de riesgo  —S&P, Fitch y Moody’s—  nos ubican a un solo escalón del grado de inversión; y proyectamos un crecimiento económico cercano al 4% este año, casi el doble del promedio regional. Estos datos son señales de confianza construidas a lo largo del tiempo.

Precisamente por haber cuidado llegar a esa estabilidad durante tantos años, hoy Guatemala tiene margen de maniobra. Y es aquí donde la situación se vuelve retadora, porque debemos pasar de proteger la estabilidad que hemos construido a utilizarla estratégicamente, evitando que la cautela que nos permitió alcanzarla termine limitando las oportunidades que como país hemos generado.

Hoy existe bastante claridad sobre cuáles son las brechas que siguen limitando ese salto. Las principales calificadoras coinciden en que Guatemala ya tiene reconocidas fortalezas macroeconómicas excepcionales. El reto pendiente está ahora en otros frentes: fortalecer la capacidad institucional, acelerar la inversión en infraestructura y ampliar la capacidad del Estado para sostener competitividad y crecimiento de largo plazo.

Y, en un entorno internacional cada vez más exigente en materia de transparencia, cumplimiento y gobernanza, avanzar en estos temas no es opcional. No cerrar estas brechas tiene costos directos, tales como, mayor exposición a riesgos reputacionales, posibles restricciones en el acceso a financiamiento y una pérdida de confianza por parte de inversionistas y organismos multilaterales. Como se ha señalado recientemente desde distintos espacios técnicos y empresariales, debilitar esfuerzos asociados al cumplimiento de estándares internacionales —particularmente en materia de prevención del lavado de dinero— podría erosionar parte de la credibilidad institucional que hoy representa una de las principales fortalezas competitivas de Guatemala. 

Desde FUNDESA, hemos sistematizado en detalle las reformas concretas que cada calificadora requiere para ese salto, el diagnóstico es claro y los instrumentos están identificados. El propio FMI ha señalado que contamos con espacio fiscal para financiar mayores niveles de inversión pública productiva sin comprometer la sostenibilidad a largo plazo. Sin embargo, seguimos invirtiendo alrededor del 16% o 17% del PIB, lejos del promedio global cercano al 25%. Esa diferencia genera infraestructura insuficiente, costos logísticos elevados y brechas sociales que terminan limitando la productividad, competitividad y oportunidades. 

Cerrar esa brecha no significa abandonar la disciplina macroeconómica que tanto nos ha costado construir, significa entender que la prudencia financiera y la inversión estratégica son conceptos que van de la mano. El siguiente paso natural de una economía estable es aprovechar esa fortaleza para destrabar capacidades, modernizar la infraestructura y ampliar las condiciones para crecer de manera sostenida. 

Y lo más importante es que no partimos de cero. Como comentaba en otro artículo, el ICL 2025 de FUNDESA refleja que el país ha mejorado de manera sostenida su competitividad territorial durante casi dos décadas. Hoy ya existen 35 municipios operando en franjas de alto desempeño competitivo.

El mercado internacional ya reconoce la estabilidad macroeconómica de Guatemala. Lo que está en evaluación ahora es algo más complejo y decisivo: nuestra capacidad de transformar esa estabilidad en institucionalidad, infraestructura, productividad y confianza de largo plazo. Porque la siguiente etapa del país ya no depende únicamente de proteger lo que hemos construido, depende de nuestra capacidad de ejecutar sobre ello.

Talento humano: la pieza clave para la competitividad local

Por IDEAS, Inversión e Infraestructura

El 83% de municipios en Guatemala fortalece su fuerza laboral, creando la base territorial necesaria para convertir el crecimiento económico en desarrollo sostenible.

Nuestro país se encuentra ante una gran oportunidad. Según la presentación de Daniel González Sesmas, responsable de análisis económico para Centroamérica y República Dominicana, destacamos con un crecimiento del 742% en anuncios de inversión durante el primer trimestre de 2025, alcanzando US$194.5 millones frente a los US$23.1 millones del mismo período en 2024. Tal como anunció el Ministerio de Economía, buscamos consolidar un portafolio de inversión extranjera directa (IED) por más de US$1,600 millones, con la posibilidad de generar más de 10,700 empleos.

Este anuncio no solo confirma la confianza que despierta nuestro país en el entorno internacional, sino que lanza una pregunta crucial: ¿estamos preparados para sostener este crecimiento con talento local? La respuesta comienza a perfilarse desde el interior de nuestro territorio, donde, según el Índice de Competitividad Local 2024, el 83% (284) de nuestros municipios el año pasado, han dado pasos firmes hacia el fortalecimiento de su capital humano.

Este avance territorial se sustentó en acciones concretas el año pasado por parte de los municipios, desde la inversión sostenida en infraestructura educativa hasta la articulación directa con las demandas del mercado laboral. Por ejemplo, el INTECAP el año pasado alcanzó un ritmo récord de capacitación, preparando a más de 180,000 personas  en el primer semestre y operando a través de 33 centros especializados que abarcan desde gastronomía hasta mecánica avanzada.

Programas como estos en áreas diversas y alineadas con las necesidades del mercado, aseguran que nuestro país tenga el capital humano listo para ocupar los más de 10 mil empleos proyectados para este año.

La importancia de esto se sostiene en que la disponibilidad de una fuerza laboral capacitada reduce costos de formación para los inversionistas y acelera el inicio de operaciones. Este vínculo entre talento y competitividad se vuelve más relevante cuando se observa el panorama regional. El 47 % de las empresas en la región identifica la atracción y retención del talento como el factor de mayor impacto en sus operaciones en 2025, mientras que el 63 % considera que la capacitación y el entrenamiento constituyen el elemento más diferenciador en su oferta de valor. 

El desafío ahora es escalar esta transformación de forma estratégica y sostenida. Las inversiones proyectadas para este año representan una ventana de oportunidad que no podemos dejar pasar. Las empresas ya no buscan únicamente mano de obra: buscan ecosistemas integrales que combinen infraestructura confiable, instituciones sólidas y una fuerza laboral adaptable y calificada. En este contexto, Iniciativas como Guatemala No Se Detiene, que cuenta con una mesa específica de Capital Humano – resaltan la importancia de articular esfuerzos entre gobierno, sector privado y cooperación para robustecer este pilar tan fundamental para nuestro crecimiento.

La pregunta ya no es si estamos preparados para crecer, sino qué tan rápido podemos acelerar esta agenda de competitividad territorial. Como evidencia FUNDESA con el ICL 2024, los cimientos se están fortaleciendo municipio por municipio y aprovechar esta coyuntura requiere liderazgo compartido, visión de largo plazo y confianza en nuestra capacidad de transformar el desarrollo desde lo local. El momento es ahora.

 Índice de Competitividad Local (ICL) 2024. Fundación para el Desarrollo de Guatemala (Fundesa). Disponible en: https://www.fundesa.org.gt/indices-y-evaluaciones-de-pais/indice-de-competitividad-local 

Nearshoring, tendencia en crecimiento en Latinoamérica y El Caribe

Por Inversión e Infraestructura, Reflexiones

En los últimos años el concepto “nearshoring” va ganando un espacio importante en las decisiones o planes de inversión que las empresas analizan para ingresar a mercados emergentes. En términos sencillos, significa «acercar la producción al territorio de consumo». En una descripción más amplia, el nearshoring es un mecanismo que permite externalizar los servicios y operaciones de las empresas a países cercanos, manteniendo el control sobre la calidad y el coste.

Lo interesante es que esta tendencia va ganando popularidad en Latinoamérica y El Caribe, al encontrarse geográficamente cerca de Estados Unidos y Canadá.

Pero, ¿por qué en estos mercados? Parte del atractivo se debe a que posee un huso horario próximo a comparación de otros continentes y ello no solo facilita la comunicación y la coordinación con los equipos, sino que es más eficiente para los tiempos y procesos de supervisión y atención a los problemas que se presenten en tiempo real. 

Asimismo, un aspecto clave que propulsa el crecimiento del nearshoring son las políticas y los tratados de libre comercio que se desarrollan en la región, lo cual genera un entorno favorable para las inversiones extranjeras. Debido a que estos acuerdos entre dos o más países permiten brindar un mayor acceso a nuevos mercados, fomentan la reducción o eliminación de las barreras comerciales, como los aranceles, y así dinamizar la economía entre los territorios involucrados. Al respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que el avance y la modernización de estos acuerdos permitirían un crecimiento de casi 12% en el comercio intrarregional.

En ese sentido, en el 2004, Centroamérica y República Dominicana realizaron el Tratado de Libre Comercio –  Dominican Republic-Central America Free Trade Agreement (CAFTA-DR) con Estados Unidos, esto ha favorecido en la exportación e importación de las materias primas, mercancías, la contratación pública de bienes y servicios, y ha promovido la inversión y expansión de cadenas de producción que son necesarios para esta tendencia.

Esta ventaja se complementa con otra muy significativa que proporciona el nearshoring:  el ahorro de costes de producción. La región tiene los salarios y el costo de vida más bajos si comparamos con Norteamérica y Europa, esto exige a las empresas a brindar una oportunidad rentable para los talentos.

Ahora,  ¿en qué se traduce esta oportunidad?

Ante esto, el BID indicó que esta tendencia aumentaría la exportación de bienes y servicios en hasta USD$78,000 millones y facilitaría el crecimiento del PIB entre el 11% a 14%, lo que significa el empuje de los negocios en la región. Es decir, este modelo permitirá la creación de puestos de trabajo, de la mano con el impulso de las economías locales y su diversificación. 

Como ejemplo que pone en valor la potencialidad del nearshoring, es la planta de ensamble y prueba de Intel en Costa Rica. Con una inversión de USD$1,000 millones y una capacidad laboral de aproximadamente 3,700 trabajadores, esta planta es el centro de producción  de microprocesadores y otros componentes informáticos, convirtiéndose en un hub de operaciones importante en América.

De esta manera, se beneficia tanto la empresa como el país donde se encuentran sus nuevas sedes y plantas. Por otra parte, Latinoamérica y El Caribe al ser destinos con gran potencial de talento y recursos, las empresas no sólo se enfocan en sus operaciones sino que también apuestan por la educación mediante diversas iniciativas como donaciones de equipos tecnológicos, programas de capacitaciones y entregas de materiales con el fin de formar profesionales altamente capacitados.

El nearshoring llegó para quedarse y las perspectivas de que siga creciendo son prometedoras. Existen algunos pendientes para consolidar este mecanismo por el que hoy las empresas apuestan, como, por ejemplo, una mejor infraestructura para la ejecución y el traslado de bienes y servicios o una cantera de talentos para ser formados con base en las demandas laborales identificadas. Lo cierto es que Latinoamérica y El Caribe seguirá siendo un mercado emergente y en ese propósito es clave adaptarnos a las nuevas tendencias y abordar los retos, nos permitirá sobresalir ante la competencia y continuar creando puentes entre economías.