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José Miguel Torrebiarte

“Progreso en todo lo que hacemos”

Por Legado, Reflexiones

Hoy, con el  corazón lleno de gratitud y emoción, quiero resaltar  los logros y desafíos a los que nos hemos enfrentado con nuestra icónica y amada marca Progreso. Permítanme hacer una pausa para reflexionar sobre el viaje que hemos emprendido juntos, guiados por Carlos F. Novella; desde ser la primera fábrica cementera en Guatemala, hasta convertirnos en lo que somos actualmente, una fuerza transformadora del país.

La trayectoria de 120 años que nos respalda nos llena de orgullo, pero al mismo tiempo, nos exige mantener la responsabilidad y el compromiso que nos ha llevado a ser una empresa líder, innovadora, transformadora y cercana a la gente. A través de acciones y proyectos en nuestras diferentes unidades de negocio podemos decir que verdaderamente hay “Progreso en todo lo que hacemos”, y este es el posicionamiento hacia el cual nos estamos enfocando, buscando tener un impacto positivo en los distintos ámbitos en los que nos desempeñamos.  

Desde su fundación en 1899, Progreso ha sido la base sobre la cual se han levantado puentes, carreteras, edificios y hogares. Nos enorgullece ser un socio confiable de los proyectos de gran envergadura, aportando nuestra experiencia e impactando positivamente la vida de miles de personas. 

Sin embargo, nuestra contribución no se limita al cemento. Hemos diversificado nuestras unidades de negocio para abordar desafíos más amplios.  

Ejemplo de ello, por medio de AgroProgreso,  trabajamos en estrecha colaboración con los agricultores locales para mejorar sus prácticas agrícolas, promoviendo la conservación del suelo, el uso eficiente del agua y la adopción de técnicas sostenibles. De esta manera, garantizamos  la seguridad alimentaria, aportamos al desarrollo e incrementamos el bienestar de las comunidades rurales en Guatemala.

En nuestra constante búsqueda de la excelencia y la colaboración, hemos creado Progreso X, una incubadora de startups y espacio para emprendedores. Gracias a ella brindamos apoyo financiero, mentoría y recursos a jóvenes talentos con ideas transformadoras. Uno de nuestros programas anuales de innovación, y que actualmente celebra su 5ta edición, es Exponential Changemakers (ECM). Este evento busca soluciones que contribuyan al déficit de vivienda en la región, fomentando el aprovechamiento de la tecnología y la sostenibilidad. 

Asimismo, para impulsar el desarrollo sostenible y reducir nuestra huella ambiental, en la unidad de Energía de Progreso hemos invertido en fuentes de energía renovable, como la energía eólica y solar. Nos hemos convertido en un referente en el sector energético, generando electricidad limpia y apoyando la transición hacia un futuro más verde y resiliente.

En adición a nuestras acciones directas, hemos sumado fuerzas con el gobierno y otras organizaciones  para velar por la educación e inclusión financiera, mediante proyectos educativos en áreas rurales desfavorecidas. Así hemos apoyado el acceso a servicios bancarios a sectores marginados de la población,  a fin de disminuir la brecha de la desigualdad y promover un entorno más equitativo para todos. 

Reconocemos que aún enfrentamos desafíos significativos como sociedad. La desigualdad y la falta de acceso a oportunidades persisten en muchas áreas de Guatemala. Sin embargo, estamos comprometidos a seguir trabajando arduamente en cada una de nuestras unidades de negocio y acciones que implementemos, pues si no es en todo lo que hacemos, no es Progreso. Es pertinente unirnos en un esfuerzo colectivo, para poder lograr un cambio superior y sostenible.

Inspirados por cada capítulo de nuestra historia, recordemos que el verdadero progreso no se trata solo de los resultados tangibles que logramos, sino también de las relaciones que construimos y las vidas que impactamos en el camino. Sigamos avanzando, construyendo un futuro sólido y próspero para todos.

¡Generaciones unidas por el cambio!

Por Educación/Juventud, Reflexiones

Creo que todos somos conscientes de la controversia en la que se ha visto envuelta la Generación Z en los últimos años, como su sensibilidad ante las problemáticas sociales, su demostración abierta de sus emociones y pensamientos, el cuidado de su salud mental sobre todo con entornos autoritarios, entre otros. Y es que hay ciertos aspectos de esta generación con la que algunas personas están de acuerdo y otras en desacuerdo. Sin embargo, un punto en el que todos podemos coincidir es en que, para bien o para mal, los jóvenes conforman una generación disruptiva e innovadora en sus ideales. 

Pero, aquí es donde me pregunto: ¿Qué sucede si, en lugar de juzgar o discutir quién tiene la razón, nos ponemos a pensar en aquellas cualidades que tienen los jóvenes del presente y que quizá no tuvimos las generaciones anteriores? ¿Y cuántas de estas características positivas son capaces de transformar el mundo y hacerlo un lugar mejor?

Puede que sea una perspectiva optimista, pero pienso que si nos detenemos a reflexionar sobre las capacidades que hacen a la juventud de hoy única, podemos obtener  una lista más extensa de la que nos imaginamos y llegar a conclusiones sorprendentes. Por ejemplo, se trata de una población con una gran capacidad de adaptabilidad y de reacción rápida y positiva a los cambios en su entorno. Son personas flexibles, y por esa misma razón, almas libres que buscan esa misma flexibilidad en sus espacios de trabajo.

Al mismo tiempo, son altamente competitivos. Al ser la primera generación en haber crecido rodeada de las nuevas tecnologías, la Generación Z tiene una mentalidad asociada a la innovación, el desarrollo y el progreso de manera innata. Los jóvenes están demostrando cómo es que son capaces de aprovechar su condición de nativos digitales para generar nuevos conceptos y oportunidades a nivel económico, político, social o cultural.

En esa línea, han desarrollado desde la niñez un agudo sentido de la intuición empresarial, al haber sido testigos de cómo tantos negocios exitosos han sido fruto de una buena idea, trabajo duro, y la ayuda de herramientas tecnológicas que jueguen a favor de ella. 

Por esa misma razón, es que los jóvenes de hoy tienden y son más arriesgados a emprender en mayor escala que sus predecesores. Además, esta nueva visión empresarial los motiva a ser bastante más exigentes con los estándares que tienen sobre sus lugares de trabajo: son conscientes de su valor, lo reconocen y lo honran. Y, a su vez, a ser menos tolerantes con los ambientes de trabajo hostiles o autoritarios.

Sin embargo, estas características, que podrían relacionarse con una excesiva ambición o arrogancia en el ambiente laboral, en la práctica se traducen en manifestaciones muy distintas. Según un estudio del Workforce Institute, la Generación Z se caracteriza por buscar el apoyo de sus jefes y supervisores, y valora mucho las enseñanzas que personas de mayor jerarquía puedan compartir con ellos. Así, este último punto demuestra que pese a ser adultos autosuficientes, tecnológicos y listos para enfrentar el mundo y hacer de él un lugar mejor, aún son seres conscientes de la sabiduría que generaciones anteriores pueden impartir. De esta forma, se transmite la cultura y los valores para una mejor cohesión, convivencia y toma de decisiones en su vida personal y laboral.

Esta reflexión me lleva a preguntarme: siendo conscientes de las múltiples diferencias que nos separan de la nueva generación, más allá de la cronológica, ¿queremos realmente seguir marcando estas diferencias generacionales? ¿O queremos ser agentes de cambio y colaborar de manera colectiva, trazando puentes que aporten a la construcción de una mejor sociedad para las generaciones futuras?

Yo voy por lo segundo. Siempre podemos dar el primer paso: proponer debates donde cada generación pueda aportar un punto de vista diferente pero igualmente valioso, que fortalezca y diversifique las conversaciones y nos dé una mirada nueva sobre nuestra realidad actual. Mediante estas oportunidades y los consensos, estoy seguro de que, en conjunto, podemos aprender unos de otros, desafiar juntos el status quo y construir un futuro brillante y sostenible para todos.

 

Continuemos creando sentido de unidad

Por Patrimonio Cultural, Reflexiones

A diario nos esforzamos por proteger nuestro patrimonio personal ante cualquier riesgo y lo hacemos -ya sea por instinto o convicción- porque es inimaginable perder con facilidad aquello que conseguimos con tanto esfuerzo y dedicación. Desafortunadamente, el patrimonio cultural y natural, que es de todos y no se valora de la misma forma, hasta que podemos estar en riesgo de perderlo.

¿Qué pasaría si en Guatemala perdemos el Parque Nacional Tikal?, o en el caso de Panamá, ¿el Parque Nacional de Coiba? Pues la realidad es que perdemos parte de nuestra identidad colectiva

En Centroamérica existe una enorme riqueza cultural, gracias a la herencia de nuestros antepasados, que nos conectan a nuestras raíces y nos permiten comprender nuestro origen y evolución en el tiempo. Este tesoro invaluable incluye monumentos arqueológicos, tradiciones, creencias, rituales, platillos y costumbres que deben ser preservadas y transmitidas de generación en generación.

Un claro ejemplo de la importancia y vigencia de la sabiduría de nuestros antepasados, son las enseñanzas del pueblo maya, civilización precolombina que dejó huella en los territorios de Guatemala, México, Honduras y Belice por su cosmovisión, sistema numérico y escritura completa; pero además por su sentido de comunidad e impacto en su entorno. 

La forma en cómo las civilizaciones del pasado intervenían el entorno tropical no tenía la ambición de explotar su ecosistema, sino de apoyarse en él e incorporarlo en su vida de manera estratégica y responsable. En esa línea, las prácticas de estas y más maneras de expresión, dan sentido a la existencia de cada comunidad y fomentan en ellos el sentido de unidad e identidad colectiva ante la diversidad y el cuidado de los recursos naturales, que hoy en día tanto nos hace falta.

Hay tanto que podemos aprender de nuestros antepasados como el incentivo del diálogo intergeneracional, donde los jóvenes aprenden de los mayores y viceversa, intercambiando experiencias para crear lazos más fuertes y abordar los retos actuales de forma conjunta. Es sorprendente la manera de cómo los mayas adultos compartían sus conocimientos a los jóvenes sobre la simbología, formación para la guerra y otras técnicas para cuidar su entorno. Por tanto, trasladar el saber promueve un sentimiento de pertenencia y responsabilidad hacia su comunidad.

Es esencial tener plena conciencia de la amplitud y pluralidad de nuestro patrimonio cultural porque nos permite hacer frente a las antiguas y nuevas necesidades que se presentan, desde la creatividad, innovación e historia. Siendo una fuente de inspiración y orgullo para valorar nuestro presente y juntos construir un mejor futuro, preservando nuestro legado cultural.

Construyendo sinergias hacia la prosperidad regional

Por Inversión e Infraestructura, Reflexiones

En mayo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el fin de la emergencia sanitaria global por el COVID-19, un proceso que nos puso a prueba y nos exigió tomar decisiones bajo mucha presión en pro del bienestar común. Retrocediendo a ese tiempo, lastimosamente, muchas personas perdieron a sus seres queridos, cerraron sus negocios, perdieron sus empleos. Este fue un punto de inflexión en nuestras vidas, cargado de mucha incertidumbre, vulnerabilidad, resiliencia y esfuerzo. 

Hace poco se llevó a cabo la 26 Conferencia Anual CAF, un espacio que nos ha permitido abordar y debatir sobre los principales desafíos que enfrenta la región en el escenario global y que nos preocupan como sociedad. A partir de lo conversado en este evento, me quedo con cuatro grandes conclusiones para fomentar el desarrollo de la región.

Primero, si no queremos repetir la misma historia de los últimos tres años, para afrontar una próxima pandemia debemos prepararnos con anticipación. Entonces, es necesario analizar las diversas debilidades y aciertos de nuestro sistema, así como desarrollar una agenda cooperativa entre el sector público, privado y organizaciones sin fines de lucro para promover iniciativas multisectoriales que busquen cerrar las brechas y brindar una mejor calidad en los servicios de salud.

Segundo, es imprescindible que, ante la lucha contra los efectos de la variabilidad climática, podamos responder en conjunto. Para ello, se debe enfrentar al status quo, demostrando que somos capaces, creativos y resilientes, sí, pero principalmente, justos para abordar los desafíos para el cuidado de nuestro planeta. En ese sentido, considero muy importante que nuestras respuestas y compromisos en materia de adaptación y mitigación estén alineados a nuestras posibilidades y nuestras realidades locales.

Un tercer punto es la migración. Al respecto,  se señaló que las desigualdades y la falta de equidad exacerban la cantidad de migrantes, como los 45 millones de personas que se movilizaron internacionalmente en el 2022, según lo comentado en la conferencia. Dentro de este grupo, se encuentran aquellas personas indocumentadas, que por su mismo estado tienen limitaciones para el acceso a la bancarización. Por tanto, se resaltó la importancia de construir los canales para que obtengan sus papeles y así impulsar la inclusión económica para todas las comunidades.                                                                                                                                                                       

Por último, somos conscientes de que la pandemia aceleró los procesos de transformación digital en América Latina y el Caribe (ALC) para mejorar la competitividad de los sectores. Al respecto, la digitalización puede y tiene que ser el medio de la reactivación económica social, donde las niñas, adolescentes y mujeres tengan acceso a esta tecnología de forma ecuánime y equitativa. Para trabajar en ese punto, es esencial promover programas educativos que generen interés a las niñas en los temas de Ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas —o también conocidas como “STEM”-, así como también desarrollar soluciones junto a mujeres para así entender su perspectiva y las diferentes necesidades que se deben considerar con el objetivo de cerrar las brechas de género.

Sin duda, esta conferencia nos dejó una serie de reflexiones y aprendizajes que van en línea con los retos de esta nueva era hacia el trabajo colaborativo, donde es importante construir puentes y promover el diálogo en todos los ámbitos y niveles. Esto fomentará la creación de agendas comunes para el progreso, el bienestar, la sostenibilidad y, sobre todo, la consolidación de un futuro sostenible para las futuras generaciones.

Nearshoring, tendencia en crecimiento en Latinoamérica y El Caribe

Por Inversión e Infraestructura, Reflexiones

En los últimos años el concepto “nearshoring” va ganando un espacio importante en las decisiones o planes de inversión que las empresas analizan para ingresar a mercados emergentes. En términos sencillos, significa «acercar la producción al territorio de consumo». En una descripción más amplia, el nearshoring es un mecanismo que permite externalizar los servicios y operaciones de las empresas a países cercanos, manteniendo el control sobre la calidad y el coste.

Lo interesante es que esta tendencia va ganando popularidad en Latinoamérica y El Caribe, al encontrarse geográficamente cerca de Estados Unidos y Canadá.

Pero, ¿por qué en estos mercados? Parte del atractivo se debe a que posee un huso horario próximo a comparación de otros continentes y ello no solo facilita la comunicación y la coordinación con los equipos, sino que es más eficiente para los tiempos y procesos de supervisión y atención a los problemas que se presenten en tiempo real. 

Asimismo, un aspecto clave que propulsa el crecimiento del nearshoring son las políticas y los tratados de libre comercio que se desarrollan en la región, lo cual genera un entorno favorable para las inversiones extranjeras. Debido a que estos acuerdos entre dos o más países permiten brindar un mayor acceso a nuevos mercados, fomentan la reducción o eliminación de las barreras comerciales, como los aranceles, y así dinamizar la economía entre los territorios involucrados. Al respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señala que el avance y la modernización de estos acuerdos permitirían un crecimiento de casi 12% en el comercio intrarregional.

En ese sentido, en el 2004, Centroamérica y República Dominicana realizaron el Tratado de Libre Comercio –  Dominican Republic-Central America Free Trade Agreement (CAFTA-DR) con Estados Unidos, esto ha favorecido en la exportación e importación de las materias primas, mercancías, la contratación pública de bienes y servicios, y ha promovido la inversión y expansión de cadenas de producción que son necesarios para esta tendencia.

Esta ventaja se complementa con otra muy significativa que proporciona el nearshoring:  el ahorro de costes de producción. La región tiene los salarios y el costo de vida más bajos si comparamos con Norteamérica y Europa, esto exige a las empresas a brindar una oportunidad rentable para los talentos.

Ahora,  ¿en qué se traduce esta oportunidad?

Ante esto, el BID indicó que esta tendencia aumentaría la exportación de bienes y servicios en hasta USD$78,000 millones y facilitaría el crecimiento del PIB entre el 11% a 14%, lo que significa el empuje de los negocios en la región. Es decir, este modelo permitirá la creación de puestos de trabajo, de la mano con el impulso de las economías locales y su diversificación. 

Como ejemplo que pone en valor la potencialidad del nearshoring, es la planta de ensamble y prueba de Intel en Costa Rica. Con una inversión de USD$1,000 millones y una capacidad laboral de aproximadamente 3,700 trabajadores, esta planta es el centro de producción  de microprocesadores y otros componentes informáticos, convirtiéndose en un hub de operaciones importante en América.

De esta manera, se beneficia tanto la empresa como el país donde se encuentran sus nuevas sedes y plantas. Por otra parte, Latinoamérica y El Caribe al ser destinos con gran potencial de talento y recursos, las empresas no sólo se enfocan en sus operaciones sino que también apuestan por la educación mediante diversas iniciativas como donaciones de equipos tecnológicos, programas de capacitaciones y entregas de materiales con el fin de formar profesionales altamente capacitados.

El nearshoring llegó para quedarse y las perspectivas de que siga creciendo son prometedoras. Existen algunos pendientes para consolidar este mecanismo por el que hoy las empresas apuestan, como, por ejemplo, una mejor infraestructura para la ejecución y el traslado de bienes y servicios o una cantera de talentos para ser formados con base en las demandas laborales identificadas. Lo cierto es que Latinoamérica y El Caribe seguirá siendo un mercado emergente y en ese propósito es clave adaptarnos a las nuevas tendencias y abordar los retos, nos permitirá sobresalir ante la competencia y continuar creando puentes entre economías.